Sree Jagannath!!!!
giovedì 21 novembre 2019
Sri Jagannath y Dasia Bouri
No tiene sentido preguntar si Dasia Bouri era un loco o de mente sana al ofrecer algo tan pequeño como un coco al Señor y decir: ”por favor regrésenmelo si el Señor no lo acepta felizmente”. Qué hombre tan extraño era él, ¿existe un dios que toma las ofrendas de sus devotos con sus propias manos? Nosotros también le ofrecemos mangos, bananas, cocos y otras delicias al Señor, pero se supone que se santifican a través de muchos rituales santos cuando la ofrenda se lleva a cabo. ¿Cómo es posible que un coco fuese llevado ante el Señor, como si Él lo necesitase desesperadamente? Dasia Bouri les instruía: ”Debe ser ofrecido tal como está. De otra manera regrésenmelo”.
El sacerdote en jefe de la aldea en que vivía Dasia Bouri, entró al templo por segunda vez con el coco en sus manos. Él ya había tenido darsana con el Señor y todo el bhoga y los alimentos habían sido ofrecidos. Sin embargo, él olvidó el coco. Tan solo por una formalidad, él iba a mostrar el coco a la deidad para cumplir el deseo de Dasia Bouri y luego regresárselo a él. Dentro del altar había mucha actividad. Cerca de Garuda-Esthamba había un pequeño espacio. Así el sacerdote se movió a ese lado para tener visión clara del Señor. Él oró así: “Oh Señor, acepta esta ofrenda de Dasia Bouri de la aldea cercana de Baligram. Él pertenece a una casta la cual no tiene entrada a este templo. Pero el insiste en que si Tú no lo aceptas en tus propias manos, entonces debe ser regresado sin haber sido ofrecido”.
Mientras la gente se unía alrededor, el sacerdote levantó el coco enfrente del Señor Jagannatha. él sintió que sus manos se le congelaban, de pronto el coco comenzó a deslizarse de sus manos y desapareció milagrosamente. El sacerdote y todos los demás se quedaron atónitos ante semejante milagro.
Dasia Bouri es un devoto de casta de color, un intocable, un caído. El menor contacto con él requiere un ritual de purificación. ¿Cómo era posible que en esta era de Kali-Yuga El Señor tomara la ofrenda de tal hombre?”, el sacerdote se preguntó. De pronto, otro sacerdote cerca del altar del Señor Jagannatha gritó: ”Oh qué catástrofe, cáscaras de coco están cayendo alrededor del altar”. Los detalles de este incidente pronto se conocieron por todos. Toda la gente se hacía preguntas, y pensaban que era un truco. Pero esto no le importaba al Señor y a Su devoto.
“No se puede realizar a Dios sino a través de la fe”, le había dicho su padre. Dasia Bouri pertenecía a la aldea de Baligram la cual todavía existe a 30 millas de Puri. La vida en esta aldea es mas ó menos la misma que se vivía en 1790. Dasia Bouri tenía esposa pero no hijos, él tejía por ocupación. Usualmente, cantaba himnos para el Señor por las noches en su pequeña choza. El cantar era espontáneo para él y nuevas canciones para el Señor Jagannatha siempre salían de sus labios aunque ni siquiera sabia leer o escribir. Él sentía las vibraciones fuertes de estas canciones a través de todo su cuerpo. Muchas veces sentía que El Señor lo abrazaba y una vez escucho: “Yo he creado a todos. Todos son Mis hijos e hijas. No hay intocabilidad o separación entre mis hijos y Yo”.
El tiempo para el festival se acercaba. Jagannatha saldría para que todas las personas de todas las castas y religiones pudieran verlo, temprano esa mañana Dasia Bouri comenzó a caminar las 30 millas hacia Puri. Él cantaba dulcemente por todo el camino, encantando a sus compañeros peregrinos con sus canciones devocionales.
Cuando el grupo llegó a su destino, ya era tiempo para comenzar a jalar los carros. Así es que esperó cerca de Balangandi a medio camino del Grand Road de Puri, en lugar de ir cerca del templo. (Hay una creencia entre los devotos de que uno puede purgar todos sus pecados con tan solo tocar los mecates que se usan para jalar los carros).
Dasia Bouri sintió que era empujado hacia el carruaje del Señor Balabhadra en lugar de ser él quien lo jalaba. De pronto, como una visión miró el carro de Subhadra que se acercaba, en su mente intoxicada de amor a Dios, el carro de Subhadra parecía que iba corriendo por delante. Decorado con espléndidos colores, el carro de Jagannatha seguía al final, acompañado con el estruendo de las kartalas y caracolas. El carro era encabezado por cuatro sementales blancos hechos de madera y era jalado vigorosamente por cientos de miles de devotos.
“¡Qué apariencia tan graciosa! ¡Qué inmensos ojos llenos de amor! ¡Oh, qué cara! Es como el cielo obscuro. ¡Queé invitadora su sonrisa!”. Extendiendo sus brazos para alcanzarnos a todos.
Dasia Bouri deseaba subirse al carro, pero su deseo nunca podría ser cumplido, ya que él era un intocable. “¿Es una ofensa tocar a Jagannatha, quien es el Señor del cosmos entero?”. El único consuelo de Dasia Bouri era que estaba viendo al Señor Jagannatha frente a él, en el mejor de los días y en la mejor modalidad del Señor. El estar cerca de su Divina Presencia era lo único que Dasia podía pensar.
La deidad del Señor Jagannatha originalmente pertenecía a la tribu de la montaña de Orissa. Él fue descubierto por Vidyapati, un mensajero del rey Indradyumna y más adelante fue traído a Puri para ser adorado en el gran templo. Por eso a los descendientes de la gente de esta montaña se les ha dado el gran privilegio de ocuparse del Señor Jagannatha durante el festival de Rathayatra. Ellos ahora estaban sentados en el carro al lado del Señor, mientras el carro se acercaba a la casa de verano en el templo de Gundica.
La imagen del Señor todavía mantenía la completa atención de Dasia Bouri. Estaba sobrecogido con intenso amor y devoción en tal estado, Dasia Bouri caminó de regreso hacia su aldea, con canciones de amor al Señor en sus labios y la imagen de Él impresa en su corazón. Su esposa le esperaba. Ella había preparado únicamente agua de arroz para la cena. En medio del plato hondo lleno de agua de arroz, flotaba una hoja de espinaca. Debido a su estado de exaltación, Dasia vio la hoja como si fuera uno de los grandes ojos de Jagannatha. La atmósfera en la casa fue saturada con la Divina presencia del Señor Jagannatha. Al ver que su esposo bailaba, pensó que él estaba poseído por algún fantasma.
“La comida tiene la imagen del Señor ¿Cómo puedo comerla?“. Era lo único que Dasia podía decir. Entonces Jagannatha Se apareció a Dasia Bouri y le dijo: ”Oh Dasia, Yo siempre estoy contigo, Yo no necesito un pedestal de diamantes. Pide lo que quieras, estoy preparado para bendecirte”.
Dasia Bouri le susurro al Señor Jagannatha: “Oh Señor, solo deseo lo siguiente; por favor acepta mis ofrendas por Tu propia voluntad, cada vez que yo Te ofrezca algo a Ti”. El Señor estuvo de acuerdo y desapareció.
Al siguiente día Dasia Bouri hizo un trueque con el dueño de la casa donde vivía, cambió una pieza de tela por un coco. El coco debería de ser ofrecido al Señor, solo entonces su sueño podría ser verificado. Pero ¿cómo el coco iba a ser entregado a Jagannatha? Por arreglos de Jagannatha, el sacerdote en jefe iba ese mismo día para Puri con un grupo de devotos llevando consigo muchas ofrendas. Dasia se le acercó al sacerdote muy humildemente y le pidió: “Oh amigo, por favor lleva esto al Señor Jagannatha de mi parte, ya que no puedo entrar al templo, si Él no lo toma, por favor regrésamelo cuando regreses”.
Después de tal incidente en el templo, todos realizaron, incluyendo el sacerdote de la misma aldea, que el Señor y Sus devotos son inseparables. “Donde hay un devoto puro yo también estoy presente”.
Tiempo después Dasia Bouri fue a Puri con una canasta de mangos para el Señor. Cuando llegó a Puri se imaginó la forma del Señor sentado dentro de la rueda azul situada en la parte superior del templo, llamada Nila-Cakra. Jagannatha aceptó la fruta por Sí mismo y la canasta se vació inmediatamente.
Un grupo de sacerdotes vio esta desaparición milagrosa de los mangos y corrieron donde Jagannatha para asegurarse de que el incidente era genuino. Para su asombro, ellos vieron cáscaras de mango y semillas en el altar y gotas de jugo de mango caían de la cara del Señor Jagannatha.
¿Quién va a llamar a tal devoto “caído” o “intocable?”. Había una completa unión entre este devoto y el Señor, como un amante y su amada. ¿Acaso no es esta una persona bendita?
Después de la muerte de Dasia Bouri, el rey de Puri les otorgó a sus descendientes un permiso en la celebración del Rathayatra. Solo a ellos se les permitiría llevar los caballos de madera y a los tres conductores de sus carros. Este servicio es ejecutado hasta estos días tan solo por miembros de su familia
giovedì 18 luglio 2013
La Aparicion del Senor Jagannath
Capítulo Uno
PRIMERA HISTORIA
Hoy es el día del Festival de los Carros de Jagannātha. ¿Cuál es el significado del Festival? Nuestro corazón es como un carro y debemos orar a Krsna diciéndole: “Por favor, ven a sentarte en mi corazón”. Así fue como las gopis Le oraron en Kuruketra: “Debes venir y sentarte en nuestros corazones. Nuestros corazones son Vndāvana”.
La primera historia de la aparición del Señor Jagannātha está recogida en el Skanda Purāna, en el Padma Purāna, en el Puruottama-māhātmya y en El Diario de Jagannātha. La versión que presentamos aquí procede del Skanda Purāna y del Puruottama-māhātmya. Aunque hay algunas pequeñas diferencias con respecto a la versión de las otras escrituras, la historia es básicamente la misma.
En Satya-yuga, a comienzos de la primera mitad del día del Señor Brahmā (cuando este creó el mundo material por la misericordia de Krsna y con la ayuda de Mahāmāyā), vivió en el centro de la India un rey llamado Indradyumna Mahārāja. Tenía su residencia en la antigua ciudad de Avanti Nagary, Ujjain, el mismo lugar donde Krsna había recibido las enseñanzas de Sāndipani Muni. Tanto él como su esposa Gundichā eran muy religiosos y grandes devotos y, a pesar de ser los monarcas, estaban siempre dedicados al servicio de Bhagavan. El rey deseaba ver a la Suprema Personalidad de Dios con sus propios ojos y esperaba ver satisfecho su anhelo algún día. “¿Cuándo podré ver a mi Señor?”, oraba siempre.
El rey solía recibir y alojar en el recinto de su palacio a los viajeros que llegaban allí desde distintas partes del mundo, sobre todo de la India. En una ocasión, pasaron allí la noche unos peregrinos que regresaban de un lugar sagrado donde habían visto al hermoso Nila-mādhava de cuatro brazos. Cuando los peregrinos comentaban entre ellos las glorias de la deidad, un brahmán escuchó su conversación y acto seguido habló de ello al ministro del rey, el cual informó a su vez al monarca.
—Quienquiera que vea a Nla-mādhava no habrá de regresar a este mundo y será liberado para siempre —le dijo—. Obtendrá la forma de cuatro brazos y se volverá un asociado de NārāyaŠa en Vaikuntha. Incluso si alguien dice: “Mañana iré a ver a Nila-mādhava a Su templo” pero muere ese día sin haber alcanzado su destino, irá a Vaikuntha y obtendrá la forma de cuatro brazos.
El rey pensó: “¿Cómo podría yo ver a Nila-mādhava? ¿Dónde se encontrará?” Quiso entonces preguntar a los peregrinos, pero le informaron de que estos habían partido durante la noche. Contrariado, se propuso encontrar a la deidad como fuera. Mandó llamar a Vidyāpati, el inteligente hijo del brahmán, y también a sus oficiales y comandantes, y les ordenó que salieran a buscar en todas las direcciones.
—Unos irán hacia el este, otros al oeste, otros al sur, etc., y regresarán dentro de tres meses —les dijo—. Aquel de ustedes que logre averiguar el paradero de la deidad será recompensado con cuantiosas riquezas y un importante cargo.
Llenos de entusiasmo, los oficiales salieron de Madhyā Pradesh, cada uno en una dirección. Vidyāpati, que era un joven muy apuesto y lleno de buenas cualidades, se dirigió hacia el este.
Finalizado el plazo de los tres meses, todos habían regresado excepto Vidyāpati. Como nadie tenía noticias de él, el rey se preocupó. Vidyāpati se había dirigido hacia la costa oriental de la India, cerca del Océano Índico, y había estado viajando sin cesar en busca de Nila-mādhava. Un día vio un hermoso pueblo situado cerca de la costa y al pie de una montaña llena de flores y
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árboles y, como ya era tarde, decidió pasar allí la noche. Al llegar se dio cuenta de que sus habitantes eran personas muy cultas.
—Desearía pasar aquí la noche —dijo a unos hombres.
—La persona más notable de este pueblo es Vivavasu —respondió uno de ellos. Aunque su origen es de una casta inferior (abara), tiene muchas cualidades y es muy religioso, inteligente, humilde y generoso. Cada vez que pasa algún viajero o invitado por aquí, lo primero que hace es ir su casa; sería bueno que fueras tú también.
Cuando Vidyāpati llegó a la casa de Vivavasu, este no se encontraba allí, pero le atendió Lalitā, su bella hija de dieciséis años.
Si quiere puede esperar a mi padre fuera —le dijo la joven—. En cuanto él regrese se ocupará de todo.
Vivavasu llegó poco después. De su cuerpo emanaba una dulce fragancia y llevaba un hermoso y aromático tilaka. Al ver al recién llegado, se disculpó.
—Siento que haya tenido que esperarme. Ahora ya puede entrar.
Una vez dentro, y contento de tener allí a aquella persona de tan grata presencia, Vivavasu le dijo:
—Puede quedarse aquí unos días si lo desea. Mi hija se ocupará de usted y le dará comida y todo cuanto necesite. No le faltará de nada.
Vidyāpati cenó y se fue a descansar. En aquella casa se percibía una extraordinaria fragancia, sobre todo cuando el dueño estaba en ella. “¿De dónde vendrá ese aroma tan maravilloso?”, se preguntaba el brahmán. “Jamás había olido nada parecido. Y esa joven es muy hermosa. Creo que me quedaré aquí un tiempo; tal vez pueda encontrar a Nila-mādhava por estos alrededores.”
Los siguientes días los pasó buscando por la zona. Lalitā, que siempre le atendía solícita, se sentía cada vez más atraída hacia él. Vidyāpati comenzó a desarrollar una estrecha amistad con la joven y, después de un tiempo, se enamoró de ella. Él ya estaba casado con otra mujer, pero como sentía un profundo afecto por Lalitā le pidió que le preguntara a su padre si podían casarse. Su padre no puso objeciones a la boda y, poco después, Vidyāpati se convirtió en el yerno de Vivavasu.
Vivavasu salía de la casa cada mañana y, cuando regresaba por las tardes, sus ánimos parecían renovados y de su cuerpo emanaba la misma fragancia maravillosa. Un día, Vidyāpati preguntó a su mujer:
—Querida mía, ahora eres mi esposa y tengo mucha fe en ti. Dime, por favor, ¿adónde se dirige tu padre cada día a hacer su adoración y de dónde proviene esa fragancia que emana de su cuerpo?
—No puedo hablar de ello —respondió la joven—. Mi padre me ha advertido: “No digas a nadie adónde voy. Quiero que mantengas eso en secreto.”
Vidyāpati dijo entonces:
—Tú y yo somos uno; no eres diferente de mí. Soy tu marido y debes contármelo todo.
—Promete antes que no se lo dirás nunca a nadie —le pidió ella.
—Una esposa no debe hablar de ese modo —replicó su marido—. Sé que eres una mujer muy fiel, de modo que debes decírmelo.
—De acuerdo, te lo diré —respondió la joven—. Va a adorar a una deidad.
—¿Qué deidad?
—Prometí no hablar de ello, pero te lo diré a ti porque eres mi esposo. Va a adorar a Nila-mādhava.
Vidyāpati se puso muy contento. “Después de tanto tiempo, finalmente he escuchado el nombre de Nila-mādhava”, pensó. “Nila-mādhava debe hallarse en algún lugar cerca de aquí.” Entonces se mostró tan afectuoso y atento con su mujer, que ella acabó revelándole todo.
—Dile por favor a tu padre que me lleve con él.
—Está bien. Te ayudaré. Cuando su padre regresó aquella tarde, Lalitā le sirvió prasda, esperó a que terminara, y entonces se acercó a él y se sentó sobre sus rodillas. Mostrándose sumamente cariñosa, le dijo:
—Padre, me gustaría pedirte una bendición.
—Y a mí me gustaría concederte una —respondió su padre—. ¿Qué deseas?
—Deseo algo muy especial. Sé que no es fácil para ti, pero es lo que quiero.
—¿Qué es?
—Mi esposo tiene un gran deseo de ver a Nila-mādhava. Deseo que le lleves contigo. Vivavasu no supo qué responder. Le preocupaba el hecho de que si alguien descubría aquel lugar secreto, la deidad podía ser robada o simplemente desaparecer. Intuyendo una negativa por parte de su padre, Lalitā se puso muy seria.
—Si no muestras a Nila-mādhava a mi esposo, tomaré veneno y moriré delante de ti —le amenazó—. Tus dudas me demuestran que en realidad no sientes ningún cariño por mí.
Esas son las armas más poderosas de las mujeres: “Me moriré”, “tomaré veneno” o “me suicidaré”. ¿Qué puede responder ante eso un marido o un padre? No les queda más remedio que decir: “Te daré lo que quieras”.
Vivavasu pensaba: “¿Qué debo hacer? No puedo dejar que mi hija muera. Tengo que concederle esa bendición”.
—No deseo que mueras. Llevaré a tu esposo conmigo y le enseñaré a Nila-mādhava, pero con una condición. Cubriré sus ojos con un paño negro, se lo quitaré cuando lleguemos allí para que pueda ver a la Deidad, y a la vuelta se lo volveré a colocar. De eseo modo no sabrá dónde se encuentra el lugar.
Lalitā fue a hablar con su marido.
—Está dispuesto a llevarte con él —le dijo—, aunque te vendará los ojos durante el trayecto.
Muy contento, Vidyāpati accedió a ir con los ojos cubiertos. Al día siguiente, cuando estaban sentados en el carro de bueyes, Vivavasu colocó el paño negro sobre los ojos de Vidyāpati. Lalitā, que era muy inteligente, dio a su marido unas semillas de mostaza y le dijo:
—Guarda estas semillas en el bolsillo. Ahora es época de lluvias, de modo que si las vas tirando una a una por el camino, dentro de un tiempo se convertirán en plantas que darán unas hermosas flores amarillas. Entonces podrás guiarte por las flores e ir tú solo sin tener que preguntarle el camino a mi padre.
Vivavasu condujo a Vidyāpati en el carro por una sinuosa carretera y, mientras tanto, Vidyāpati fue dejando caer las semillas de mostaza sin que su suegro se apercibiera de ello. Cuando llegaron al pie de una montaña, dejaron el carro y Vivavasu tomó a Vidyāpati de la mano y lo llevó hasta el templo de Nila-mādhava. Una vez dentro del templo, Vivavasu quitó la venda a su yerno para que pudiera ver a N…la-mādhava. Tenía cuatro brazos y llevaba una caracola (a‰kha), un disco (cakra), una maza (gadā) y una flor de loto (padma). Era muy hermoso pero, a diferencia de Nanda-nandana Krsna, no tenía una flauta ni llevaba una pluma de pavo real. Era más como Nārāyana. Nārāyana es muy hermoso, pero Krsna es el más hermoso de todos.
Rebosante de felicidad, Vidyāpati se echó a llorar. “He estado buscándole durante tanto tiempo”, pensó. “Ahora me siento satisfecho.”
—Espera unos instantes —le dijo entonces Vivavasu—. Voy al bosque a recoger flores y demás parafernalia para la adoración. Le ofreceré candana y otros artículos, y luego regresaremos a casa.
Mientras Vidyāpati esperaba, advirtió que allí mismo había un hermoso lago con lotos, abejas que zumbaban y pájaros que entonaban dulces cantos. Sobre el lago pendían unas ramas procedentes de un árbol de mango. De pronto, un cuervo negro que dormía en una de esas ramas cayó dentro del agua. Inmediatamente después apareció su alma con cuatro brazos y, acto seguido, se presentó allí Garuda, recogió a aquella hermosa personalidad de cuatro brazos y se fue volando hacia Vaikuntha. Vidyāpati pensó sorprendido: “Ese no era más que un cuervo que comía carne y otras sustancias abominables; un animal impuro que nunca ha practicado el servicio devocional (bhakti) ni ha hecho nada favorable y, sin embargo, ha sido elevado rápidamente a Vaikuntha. ¿Por qué habría de quedarme yo aquí?” Vidyāpati decidió subir al árbol y lanzarse él también al lago para poder obtener una forma de cuatro brazos e ir a Vaikuntha, pero cuando había trepado hasta la mitad, escuchó una voz etérea que decía:
—No te suicides para liberarte e ir a Vaikuntha. Debes hacer servicios muy importantes que beneficiarán al mundo entero, de modo que no quieras morir aún. Ten paciencia y todo se arreglará. Vuelve junto a Mahārāja Indrayumna y dile que Nila-mādhava está aquí.
Entretanto, Vivavasu regresó con las flores y demás parafernalia, y dijo a Vidyāpati:
—Ven conmigo.
Él no sabía lo que había ocurrido. Vivavasu preparó la pasta de sándalo (candana) y otros ingredientes, y pasó el resto del día sentía ya también cautivado por las glorias de N…la-mādhava y se puso muy feliz al ver la adoración que le prodigaba su suegro.
Cuando Vivavasu hubo terminado sus servicios, cubrió de nuevo los ojos de Vidyāpati y juntos emprendieron el regreso a casa. Unas horas después, tras recorrer de nuevo el serpenteante camino, llegaron a la vivienda. Vivavasu oyó entonces que N…la-mādhava le decía:
—Me has servido durante mucho tiempo. Ahora deseo tener el servicio de un devoto muy elevado llamado Mahārāja Indradyumna. No temas ni te preocupes.
Pero Vivavasu se sintió muy triste. “¿Thākuraji se va con Mahārāja Indradyumna?”, pensó. “No puedo soportar la idea de la separación. Ese joven se irá, le contará todo al rey, y este vendrá y se llevará a Nila-mādhava.” Para evitar que aquello ocurriera, encerró a Vidyāpati en una de las habitaciones de la casa. Viendo que no podía ir a ninguna parte, Vidyāpati dijo a su mujer:
—Ayúdame, te lo ruego. Deseo regresar a Madhyā Pradesh. Hice una promesa al rey, que desea venir aquí con su familia para servir a N…la-mādhava. Ayúdame, por favor. Eres mi esposa; mi otra mitad.
— No te apures —le tranquilizó ella—. Te ayudaré.
Lalitā se dirigió entonces a su padre y le dijo:
—Si no liberas a mi esposo de esa prisión, me suicidaré ahora mismo.
Ante aquella amenaza, el corazón del padre se ablandó y dejó salir a Vidyāpati. Una vez libre, Vidyāpati prometió a su esposa:
—Regresaré muy pronto. No te preocupes.
Vidyāpati partió hacia el reino de Indradyumna y anduvo sin detenerse hasta llegar finalmente a Avanti Nagari. Había estado fuera durante más de seis meses. El rey Indradyumna se puso muy contento al verlo y, sobre todo, cuando le oyó decir:
—He descubierto a Nila-mādhava. Si me acompañas, te conduciré hasta Él.
El monarca decidió viajar con todo su reino, sus bienes, su esposa, sus soldados y sus oficiales. Quería traer a Nila-mādhava de vuelta para adorarlo durante el resto de su vida. Cuando llegaron al lugar, que estaba situado a unas cien millas de Puri, no vieron ni las flores de las semillas de mostaza, ni la montaña, ni casa alguna; por deseo de Nila-mādhava, el pueblo entero había quedado cubierto por una montaña de arena.
El rey se echó a llorar. Sentado sobre una esterilla y mirando al océano, decidió: “No comeré nada hasta ver a Nila-mādhava; si no Le veo, moriré. He venido hasta aquí con todo mi reino y no he tenido el darana del Señor. Es mejor que abandone esta vida”.
—¡Oh, Nila-mādhava! ¡Oh, Nila-mādhava! ¡Oh, Nila-mādhava! —exclamó recordando al Señor.
Entonces se escuchó una voz etérea que decía: —No te preocupes. No iré a darte Mi darana, pero tú sí podrás verme. Voy a enviar a Brahmā para que te conduzca a Vaikuntha y allí podrás tener Mi darsana. En este mundo no tendrás mi darsana en la forma de Nila-mādhava, sino que me manifestaré de cuatro formas: Jagannātha, Baladeva, Subhadrā y Sudarana cakra. Espera junto al mar en Banki-muhana. (Este lugar se conoce en la actualidad como Chakra-tirtha y está situado junto a la Bahía de Bengala, donde el agua se mueve hacia Bengala Occidental.) Espera allí y aparecerá dāru-brahma (Bhagavan en la forma de madera). Se manifestará como un tronco muy grande, fragante y rojizo, y en él se verán la ankha, el cakra, la gadā y la padma. Ve allí, sácame del agua y haz cuatro deidades de ese tronco. Entonces podrás adorarme.
Poco después llegó Brahmā y condujo al rey hasta Vaikuntha, y allí este pudo contemplar a Nila-mādhava sin restricciones mientras el Señor conversaba con Sus asociados. Más atraído hacia Él que nunca, el rey comenzó a sollozar. Entonces Brahmā le dijo:
—Vámonos. Él no irá a la tierra en esa forma, pero sí lo hará de cuatro formas. Vayamos al lugar indicado por Él y esperémosle allí.
Entretanto, en la tierra habían transcurrido muchos años y todo había cambiado. Antes de irse, el rey había construido un templo muy grande y hermoso, pero había quedado cubierto por la arena. Y aunque lo habían desenterrado en varias ocasiones, se veía viejo y desmoronado. Un nuevo rey lo había restaurado y declaraba: “Yo construí este templo”. El rey Indradyumna se presentó ante él y le sacó de su error.
—Ese templo no es tuyo —le dijo—. Tú solo lo has reparado. Lo construí yo, luego me pertenece a mí.
Un cuervo llamado Kākabhusundi que había presenciado los pasatiempos de Rāmacandra y también la construcción del templo por parte de Indradyumna, testificó a favor del rey. Brahmā se acercó también y dijo:
—Este fue el rey que construyó el templo. Tú solo lo has arreglado.
Y así, el rey Indradyumna se convirtió de nuevo en su dueño.
Por la misericordia de Krsna, la esposa del monarca se encontraba allí también. No habían tenido hijos, de modo que estaban los dos solos. El rey, sus nuevos asociados y su nuevo ejército esperaron juntos a la deidad. Cuando finalmente apareció flotando sobre las aguas el tronco rojo señalado con la a‰kha, el cakra, la gadā y la padma, un numeroso grupo de fuertes soldados y grandes elefantes intentaron llevarlo hasta la arena, pero todos sus esfuerzos resultaron infructuosos.
De pronto, la voz etérea dijo al rey:
Trae a mi viejo sirviente Dayitā-pati Vivavasu y a su hija. Vivavasu sujetará de un lado y el brhmaŠa Vidyāpati del otro. Y trae un carro de oro para Mí. Cuando lo hayas dispuesto todo, saldré sin mayores problemas.
Por el poder y el deseo de N…la-mādhava, Vivavasu, Lalitā y Vidyāpati vivían todavía y fueron conducidos hasta allí en un carro con todos los honores. El rey pidió a los tres que entraran en el mar y levantaran el tronco. Vidyāpati, su esposa y su suegro comenzaron a levantar el tronco mientras le oraban:
—¡Jaya Jagannātha! ¡Jaya Jagannātha! ¡N…la-mādhava! ¡N…la-mādhava! Por favor, sé misericordioso y sube a nuestro carro.
El tronco salió fácilmente del agua y pudo ser transportado hasta el carro de oro y luego conducido cerca de donde se encuentra actualmente el templo de Jagannātha. El rey colocó el tronco en una sala muy amplia y mandó llamar a los carpinteros de Orissa.
—Si esculpen a la deidad, les daré una inmensa fortuna —les dijo.
Habían acudido al lugar muchos carpinteros célebres, pero sus herramientas se rompían en cuanto tocaban aquel tronco duro como el acero. Un anciano pero hermoso brahmán que se encontraba allí y llevaba consigo algunos utensilios, se adelantó y dijo:
—Mi nombre es MahāraŠa. Soy muy experto y puedo tallar la deidad.
El brahmán era en realidad el propio N…la-mādhava o Jagannātha disfrazado.
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—Terminaré dentro de veinte días, y deben prometerme que las puertas de esta sala permanecerán cerradas en todo momento. Estaré dentro solo con mis herramientas, y después de veinte días abriré la puerta para que puedan ver a la deidad. Entonces podrán llevarla al templo, y allí servirla y adorarla.
—Haré lo que dices—respondió el rey—. No abriré esa puerta.
El brahmán entró en la sala y cerró la puerta por dentro. Durante catorce días no se escuchó ningún ruido, e Indradyumna Mahārāja empezó a preocuparse. “¿Qué estará ocurriendo?”, pensaba. “El brahmán no ha tomado agua ni nada sólido durante todo este tiempo. Podría incluso estar muerto.” Su primer ministro le dijo:
—No abras la puerta. Hay un misterio detrás de todo esto. Abre solo cuando hayan pasado los veinte días, no antes.
Pero su esposa no estaba de acuerdo.
Si ese hombre ha muerto, serás culpable de brahma-hatyā (el pecado de matar a un brahmán) —le dijo—. Debes hacer que abran la puerta enseguida.
—El brahmán me dijo que no lo hiciera hasta pasados veinte días —respondió el rey—. ¿Cómo voy a abrirla?
La mujer insistió una y otra vez hasta que, finalmente, el rey mandó llamar a sus carpinteros y les dijo que cortaran los cerrojos. Cuando pudo entrar en el recinto, vio que el brahmán no se encontraba allí.
—¿Dónde estará? —preguntó sorprendido.
Las cuatro deidades —Jagannātha, Baladeva, Subhadrā y Sudarana cakra— se encontraban allí, pero sin terminar. Los ojos y la nariz no eran más que formas redondas, sus brazos no parecían tener la longitud adecuada y faltaban también por acabar las manos y los pies.
—He cometido una ofensa al romper mi promesa —dijo el rey sollozando—. ¿Qué voy a hacer ahora? —. Ya solo pensaba en acabar con su vida.
En otro relato, tal vez en otra creación, cuando el rey abrió la puerta, el brahmán se encontraba allí y dijo al rey:
—¿Por qué has venido en medio de mi trabajo? Solo han pasado catorce días. Necesito otros siete para hacer que las deidades queden realmente hermosas. ¿Por qué has abierto la puerta? Ahora solo tienen los ojos redondos. En fin, será el deseo de Jagannātha. De otro modo no me habrías interrumpido y yo habría podido terminar mi trabajo.
Tras decir aquello, el carpintero desapareció, y entonces el rey y sus asociados comprendieron que aquel hombre no era un simple carpintero, sino el propio KŠa. El rey comenzó a sentir el dolor de la separación.
La deidad ordenó al rey por medio de Su voz etérea:
No te preocupes. Hay un misterio oculto detrás de todo esto. Yo deseaba manifestarme de esta forma por un motivo muy profundo. Llévame al templo y adórame en la forma de estas deidades. Vivavasu, su yerno Vidyāpati y las dos esposas de este se encargarán de Mi adoración. Los hijos de la esposa brahmánica de Vidyāpati se turnarán para adorar a μhakuraj… y los hijos de su esposa abara cocinarán numerosas preparaciones. Muchos dayitās de la dinastía de Vivavasu me servirán durante los diez días del Festival del Ratha-yātrā. Solo me adorarán ellos; nadie más. Ellos nos llevarán a Baladeva, a Subhadrā y a Mí en carros, y nos conducirán al Mandira de GuŠichā. Organiza un festival de diez días comenzando hoy mismo y lleva esos carros al templo de GuŠichā.
Puesto que los sucesos ocurrieron de aquel modo debido a la petición de la reina GuŠichā, pusieron su nombre al templo.
—Permaneceremos allí durante esos diez días y luego podrán traernos de vuelta —siguió diciendo μhākuraj…. Debes organizar grandes festivales, como Snāna-yātrā, Candana-yātrā, Herā-pañcham…, etc.
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En Chandana-yātrā se cubre el cuerpo de Jagannātha con sándalo durante varios días. Entonces se coloca a la deidad vijaya-vigraha conocida como Govinda2 en el Narendra-sarovara dentro de una embarcación muy hermosa, y es allí donde transcurren Sus pasatiempos en barco. Tras esto, en el Snāna-yātrā, la deidad recibe el baño de miles de jarros de agua traída de todos los lugares sagrados de la India. Su baño dura tanto, que acaba con problemas de estómago y enfermo, y entonces Lakm… se lo lleva a su casa y cierra la puerta durante quince días. Como ®r… Chaitanya Mahāprabhu no podía vivir sin la deidad, fue a šlālanātha y allí se echó a llorar diciendo: “¿Dónde está KŠa? ¿Dónde está KŠa?” Estaba tan fuera de sí, que cuando tocó las piedras de šlālanātha estas se derritieron. Dondequiera que colocaba las manos, la cabeza y otras partes de Su cuerpo al ofrecer reverencias, esas huellas quedaban impresas en la piedra.
Solo los dayitās, la familia de Vivavasu ®abara, pueden servir a Jagannātha durante el Ratha-yātrā. Jagannātha tiene dos clases de sirvientes. Los primeros proceden de la dinastía de la esposa brahmánica de Vidyāpati y se ocupan de la adoración (arcana) y el servicio (sev). Los devotos de la segunda clase descienden de Lalitā y, a pesar de haber tenido un nacimiento inferior, son excelentes cocineros, pues Jagannātha les ha permitido que realicen ese servicio para Él. Pueden cocinar en muy poco tiempo más de cien grandes pilas de arroz con dhal y muchas otras preparaciones. Son expertos cocinando en muchos fogones a la vez, llegando a colocar más de veinte ollas de barro en cada uno de ellos3.
El rey oró:
—¡Oh, μhākuraj…! Para que pueda servirte, necesito que me concedas una bendición.
—¿Qué bendición deseas? —respondió μhākuraj….
—Deseo que en mi dinastía no haya hijos ni hijas. No quiero tener descendientes. Sé que me concederás este deseo.
μhākuraj… sonrió y preguntó:
—¿Por qué no deseas tener hijos?
—Porque cuando me muera se pelearán por el dinero y no querrán servirte —respondió el rey—. Habrá mucho dinero involucrado en Tu servicio, y ellos pensarán: “Esto es mío” o “Jagannātha me pertenece a mí”. No deseo que ningún miembro de mi familia piense: “Este templo es mío o Jagannātha, Baladeva y Subhadrā me pertenecen y, por consiguiente, todo lo que llega en forma de donativos es para que yo lo disfrute.” Si piensan de ese modo, utilizarán todo para gratificar sus sentidos y se irán al infierno.
Esta parece ser la mentalidad que impera hoy en día tanto en la India como en el resto del mundo. Los devotos neófitos piden donativos en las calles diciendo que son para el servicio de Rādhā y KŠa, pero se guardan el dinero pensando que son ellos los disfrutadores y olvidan que colectaron ese dinero para su gurudeva. ¿Habría dado algo esa gente de haber sabido que el dinero era para el discípulo? ¿Qué clase de castigo puede tener esa clase de personas? KŠa está intranquilo pensando que aún tiene que crear un infierno apropiado para ellas.
En la India hay también muchos gosvām…s que piensan que son los dueños de los templos, se quedan con los donativos y los emplean en actividades inapropiadas. Deben tener cuidado con esto, porque de otro modo Bhakti dev… no irá a ustedes, sino que pensará: “Esa persona es muy egoísta. Quiere que su gurudeva y también KŠa sean sus sirvientes.”
Por eso, el rey pidió:
—No debe haber nadie que se quede con una sola paisā. Tú eres el dueño. Eres Tú quien decide quién debe servirte. Los encargados deben ser cambiados regularmente y deben ser sirvientes; como unos administradores.
2Cuando hay que llevar a Jagannātha a alguna parte, se toma a esta vijaya-vigraha más pequeña del templo de Jagannātha, porque el cuerpo de Jagannātha es muy pesado.
3 La cocina es un kull… indio. Tiene cinco fuegos (uno en medio y otro en cada esquina), y cada fuego tiene cinco ollas, una encima de otra, con un agujero en la base de las tres ollas de arriba. Todo se cocina de un modo uniforme y perfecto. Se dice que es Lakm… quien lo hace todo y los sirvientes (los descendientes de la esposa abara de Vidyāpati) solo la ayudan, y por eso pueden cocinar de forma tan mágica. 19
Un administrador es alguien que sirve sin ningún interés personal. El rey de Orissa es siempre el administrador en el sentido de que no puede quedarse con un solo céntimo para él. Si lo hiciera, sería su ruina.
Al escuchar las palabras del rey, Jagannātha sonrió, y así es como empezó el Festival del Ratha-yātrā. Hay muchas enseñanzas importantes en esta historia
sabato 12 maggio 2012
Sri Jagannath y Karmabai
Todos estaban profundamente preocupados, ya que los rituales del templo abruptamente se interrumpieron. Ningún ofrecimiento a Jagannatha era aceptado por Él. Nadie sabía cuál era la razón. Como último recurso el rey de Puri fue informado que ningún ofrecimiento era aceptado por Jagannatha.
El rey Virakisora Deva estaba profundamente consternado cuando él escucho que el Señor Jagannatha se encontraba tan molesto como para rehusar la comida ofrecida a Él tres veces diariamente.
A pesar de una puja con mucha devoción, no había señales de aceptación en la gota de agua en la mano del pujari. Se dice que Jagannatha acepta el ofrecimiento cuando su imagen puede ser vista en la gota de agua al tiempo del ofrecimiento de bhoga.
Simplemente, la comida se echaba a perder al momento. De pronto el rey recordó un sueño que había tenido la noche anterior, como si Jagannatha tratara de decirle algo. “¡Oh Rey! ¿Te has olvidado de Mí? ¿Qué clases de arreglos haces para esos que vienen hacia Mí? ¿Estás cuidando bien de Mis devotos? Quizás tú creas que Yo no puedo sentir su sufrimiento porque estoy solamente hecho de madera, pero Yo siento todo lo que cualquier mortal pueda sentir. Karmabai de Maharashtra es Mi devota querida. Ella se encuentra en dificultades en Puri, pero nadie le ha brindado una ayuda. Yo cuido de ella, porque ella se ha entregado completamente a Mí, al menos que se alivie de su pena Yo no aceptare nada de los pujaris”.
Ahora el rey Virakisora Deva estaba en un gran dilema. Él realizó que el sueño era verdadero. Una búsqueda completa se inició para encontrar a Karmabai. El rey dio órdenes de que ella fuese traída ante Él, dondequiera que esta se encontrara. Muchos trataron de encontrarla, pero fue en vano.
Badu, uno de los indagadores, arribó a una ermita y observó que el ofrecimiento hecho ahí al Señor Jagannatha reflejaba profunda devoción. Él tocó la puerta.
“¿A quién buscas?”, preguntó Indraswami el guru. “Busco una dama llamada Karmabai”. La atmósfera entera del lugar estaba saturada con un aire de divinidad y gracia.
Badu entró en un estado meditativo. “Oh Badu. Yo estoy aquí en intimidad aunque no en esplendor y abundancia”. Era la voz del Señor.
Entonces, Karmabai, salió de la cocina de la ermita, ella estaba ahí con su maestro Indraswami. Badu vio una comida deliciosa ser ofrecida a Jagannatha con un aroma tan jugoso que sólo es encontrado en comida ofrecida en el templo. Sintiéndose bendecida por la gracia del Señor, Karmabai e Indraswami no habían regresado a Maharashtra, aún cuando vinieron a Puri por un corto peregrinaje. “Jagannatha es todo para ella”, dijo el viejo guru.
En cuanto más sabía Karmabai de Jagannatha, más enriquecida se sentía. Por lo tanto decidieron no dejar el lugar, aún al costo de muchas penalidades físicas o la vida misma. Una vez, mientras Karmabai estaba en el templo, el más delicioso Prasada para Jagannatha se declaró que era inofrecible. Karmabai inmediatamente corrió hacia Jagannatha y lloró. “¿Por qué haces semejante travesura?, quizás tú quieres Prasada de mi mano!”. Karmabai rápidamente trajo una olla de comida para ofrecerle a Jagannatha. Ella totalmente olvidó el ritual propio, como los rituales del corazón son superiores.
Ahora Badu Majapatra estaba parado en frente de ella junto a la ermita. El dijo, “se te ordena que te presentes ante el rey lo más pronto posible. No puedo tomar Maha Prasada aquí debido a que no se ha ofrecido al Señor en el templo primero y con las debidas formalidades”.
Al ver a Karmabai en su palacio, el rey ordenó al tesorero que cuidara de su manutención diaria. Entonces Karmabai solicitó al rey, “Oh raja. Permite mi platillo khechedi, una clase de arroz pullao, sea ofrecido como si hubiera sido preparado por Maha-Laksmi, la esposa del Señor Jagannatha”.
“No está correcto negarle su solicitud, pero no es práctico concederle su deseo tampoco”, meditó el rey. “Veamos la voluntad de Él”.
Todo el mundo estaba entusiasmado esperando por la respuesta”. ¿Seré culpada y apartada por Él por esta audacidad?”, lamentó la pobre mujer. “Las gopis en Dvapara- yuga sacrificaron todo por Sri Krishna, y sus anhelos nunca cesaron”. Muchas dudas llenaron su mente. La campana del arati empezó a sonar adentro cuando la comida era ofrecida. El jefe de pujaris declaró que el ofrecimiento sería aceptado si la imagen del Señor Jagannatha podía ser claramente vista en la gota de agua que sostenía en su mano.
Después de algún tiempo, el pujari Salió del templo y dijo al enorme gentío reunido afuera: “El Señor está comiendo”. Lágrimas de amor y gratitud corrían por las mejillas de Karmabai. Al aceptar su ofrecimiento el Señor daba a conocer que Él aceptaba como si fuese de él.
Hasta este día, uno de los cincuenta y seis artículos que se ofrecen diariamente en el templo y que se dan como Maha-Prasada se llama el Khechedi de Karmabai.
sabato 31 marzo 2012
Jay Jagannath!!!

No tiene sentido preguntar si Dasia Bouri era un loco o de mente sana al ofrecer algo tan pequeño como un coco al Señor y decir: ”por favor regrésenmelo si el Señor no lo acepta felizmente”. Qué hombre tan extraño era él, ¿existe un dios que toma las ofrendas de sus devotos con sus propias manos? Nosotros también le ofrecemos mangos, bananas, cocos y otras delicias al Señor, pero se supone que se santifican a través de muchos rituales santos cuando la ofrenda se lleva a cabo. ¿Cómo es posible que un coco fuese llevado ante el Señor, como si Él lo necesitase desesperadamente? Dasia Bouri les instruía: ”Debe ser ofrecido tal como está. De otra manera regrésenmelo”.
El sacerdote en jefe de la aldea en que vivía Dasia Bouri, entró al templo por segunda vez con el coco en sus manos. Él ya había tenido darsana con el Señor y todo el bhoga y los alimentos habían sido ofrecidos. Sin embargo, él olvidó el coco. Tan solo por una formalidad, él iba a mostrar el coco a la deidad para cumplir el deseo de Dasia Bouri y luego regresárselo a él. Dentro del altar había mucha actividad. Cerca de Garuda-Esthamba había un pequeño espacio. Así el sacerdote se movió a ese lado para tener visión clara del Señor. Él oró así: “Oh Señor, acepta esta ofrenda de Dasia Bouri de la aldea cercana de Baligram. Él pertenece a una casta la cual no tiene entrada a este templo. Pero el insiste en que si Tú no lo aceptas en tus propias manos, entonces debe ser regresado sin haber sido ofrecido”.
Mientras la gente se unía alrededor, el sacerdote levantó el coco enfrente del Señor Jagannatha. él sintió que sus manos se le congelaban, de pronto el coco comenzó a deslizarse de sus manos y desapareció milagrosamente. El sacerdote y todos los demás se quedaron atónitos ante semejante milagro.
Dasia Bouri es un devoto de casta de color, un intocable, un caído. El menor contacto con él requiere un ritual de purificación. ¿Cómo era posible que en esta era de Kali-Yuga El Señor tomara la ofrenda de tal hombre?”, el sacerdote se preguntó. De pronto, otro sacerdote cerca del altar del Señor Jagannatha gritó: ”Oh qué catástrofe, cáscaras de coco están cayendo alrededor del altar”. Los detalles de este incidente pronto se conocieron por todos. Toda la gente se hacía preguntas, y pensaban que era un truco. Pero esto no le importaba al Señor y a Su devoto.
“No se puede realizar a Dios sino a través de la fe”, le había dicho su padre. Dasia Bouri pertenecía a la aldea de Baligram la cual todavía existe a 30 millas de Puri. La vida en esta aldea es mas ó menos la misma que se vivía en 1790. Dasia Bouri tenía esposa pero no hijos, él tejía por ocupación. Usualmente, cantaba himnos para el Señor por las noches en su pequeña choza. El cantar era espontáneo para él y nuevas canciones para el Señor Jagannatha siempre salían de sus labios aunque ni siquiera sabia leer o escribir. Él sentía las vibraciones fuertes de estas canciones a través de todo su cuerpo. Muchas veces sentía que El Señor lo abrazaba y una vez escucho: “Yo he creado a todos. Todos son Mis hijos e hijas. No hay intocabilidad o separación entre mis hijos y Yo”.
El tiempo para el festival se acercaba. Jagannatha saldría para que todas las personas de todas las castas y religiones pudieran verlo, temprano esa mañana Dasia Bouri comenzó a caminar las 30 millas hacia Puri. Él cantaba dulcemente por todo el camino, encantando a sus compañeros peregrinos con sus canciones devocionales.
Cuando el grupo llegó a su destino, ya era tiempo para comenzar a jalar los carros. Así es que esperó cerca de Balangandi a medio camino del Grand Road de Puri, en lugar de ir cerca del templo. (Hay una creencia entre los devotos de que uno puede purgar todos sus pecados con tan solo tocar los mecates que se usan para jalar los carros).
Dasia Bouri sintió que era empujado hacia el carruaje del Señor Balabhadra en lugar de ser él quien lo jalaba. De pronto, como una visión miró el carro de Subhadra que se acercaba, en su mente intoxicada de amor a Dios, el carro de Subhadra parecía que iba corriendo por delante. Decorado con espléndidos colores, el carro de Jagannatha seguía al final, acompañado con el estruendo de las kartalas y caracolas. El carro era encabezado por cuatro sementales blancos hechos de madera y era jalado vigorosamente por cientos de miles de devotos.
“¡Qué apariencia tan graciosa! ¡Qué inmensos ojos llenos de amor! ¡Oh, qué cara! Es como el cielo obscuro. ¡Queé invitadora su sonrisa!”. Extendiendo sus brazos para alcanzarnos a todos.
Dasia Bouri deseaba subirse al carro, pero su deseo nunca podría ser cumplido, ya que él era un intocable. “¿Es una ofensa tocar a Jagannatha, quien es el Señor del cosmos entero?”. El único consuelo de Dasia Bouri era que estaba viendo al Señor Jagannatha frente a él, en el mejor de los días y en la mejor modalidad del Señor. El estar cerca de su Divina Presencia era lo único que Dasia podía pensar.
La deidad del Señor Jagannatha originalmente pertenecía a la tribu de la montaña de Orissa. Él fue descubierto por Vidyapati, un mensajero del rey Indradyumna y más adelante fue traído a Puri para ser adorado en el gran templo. Por eso a los descendientes de la gente de esta montaña se les ha dado el gran privilegio de ocuparse del Señor Jagannatha durante el festival de Rathayatra. Ellos ahora estaban sentados en el carro al lado del Señor, mientras el carro se acercaba a la casa de verano en el templo de Gundica.
La imagen del Señor todavía mantenía la completa atención de Dasia Bouri. Estaba sobrecogido con intenso amor y devoción en tal estado, Dasia Bouri caminó de regreso hacia su aldea, con canciones de amor al Señor en sus labios y la imagen de Él impresa en su corazón. Su esposa le esperaba. Ella había preparado únicamente agua de arroz para la cena. En medio del plato hondo lleno de agua de arroz, flotaba una hoja de espinaca. Debido a su estado de exaltación, Dasia vio la hoja como si fuera uno de los grandes ojos de Jagannatha. La atmósfera en la casa fue saturada con la Divina presencia del Señor Jagannatha. Al ver que su esposo bailaba, pensó que él estaba poseído por algún fantasma.
“La comida tiene la imagen del Señor ¿Cómo puedo comerla?“. Era lo único que Dasia podía decir. Entonces Jagannatha Se apareció a Dasia Bouri y le dijo: ”Oh Dasia, Yo siempre estoy contigo, Yo no necesito un pedestal de diamantes. Pide lo que quieras, estoy preparado para bendecirte”.
Dasia Bouri le susurro al Señor Jagannatha: “Oh Señor, solo deseo lo siguiente; por favor acepta mis ofrendas por Tu propia voluntad, cada vez que yo Te ofrezca algo a Ti”. El Señor estuvo de acuerdo y desapareció.
Al siguiente día Dasia Bouri hizo un trueque con el dueño de la casa donde vivía, cambió una pieza de tela por un coco. El coco debería de ser ofrecido al Señor, solo entonces su sueño podría ser verificado. Pero ¿cómo el coco iba a ser entregado a Jagannatha? Por arreglos de Jagannatha, el sacerdote en jefe iba ese mismo día para Puri con un grupo de devotos llevando consigo muchas ofrendas. Dasia se le acercó al sacerdote muy humildemente y le pidió: “Oh amigo, por favor lleva esto al Señor Jagannatha de mi parte, ya que no puedo entrar al templo, si Él no lo toma, por favor regrésamelo cuando regreses”.
Después de tal incidente en el templo, todos realizaron, incluyendo el sacerdote de la misma aldea, que el Señor y Sus devotos son inseparables. “Donde hay un devoto puro yo también estoy presente”.
Tiempo después Dasia Bouri fue a Puri con una canasta de mangos para el Señor. Cuando llegó a Puri se imaginó la forma del Señor sentado dentro de la rueda azul situada en la parte superior del templo, llamada Nila-Cakra. Jagannatha aceptó la fruta por Sí mismo y la canasta se vació inmediatamente.
Un grupo de sacerdotes vio esta desaparición milagrosa de los mangos y corrieron donde Jagannatha para asegurarse de que el incidente era genuino. Para su asombro, ellos vieron cáscaras de mango y semillas en el altar y gotas de jugo de mango caían de la cara del Señor Jagannatha.
¿Quién va a llamar a tal devoto “caído” o “intocable?”. Había una completa unión entre este devoto y el Señor, como un amante y su amada. ¿Acaso no es esta una persona bendita?
Después de la muerte de Dasia Bouri, el rey de Puri les otorgó a sus descendientes un permiso en la celebración del Rathayatra. Solo a ellos se les permitiría llevar los caballos de madera y a los tres conductores de sus carros. Este servicio es ejecutado hasta estos días tan solo por miembros de su familia.

En 1973 el autor de este libro personalmente experimentó uno de los espectaculares lilas del Señor Jagannatha.
En la actualidad el autor es un sacerdote en el templo, porque el servicio se ha pasado de padre a hijo.
Todos los khuntias son guardaespaldas de las deidades y sin su permiso, los devotos no pueden entrar al santuario interior del templo para tener darsana, o para mirar a las deidades. Los khuntias aceptan cualquier ofrecimiento como fruta, ropa o dinero que se dona y solamente ellos pueden llevar estos ofrecimientos al altar de las diedades.
El autor era entonces un hombre joven de 28 años y este era su primer día entero de servicio a Jagannatha.
Tomó un baño, llevaba consigo un cordón santificado nuevo, candana blanco en su frente y tulasi mala en su cuello, el se dirigió al templo con su padre a las 4 a.m.
Hablando al Señor Jagannatha como a un ser humano él oró: “Bien Jagannatha. Yo se que a ti te gusta dar a Tus sirvientes muchas cosas finas, pero este es mi primer día. Por favor no me des nada hoy, yo estoy aquí para servirte”.
Cuando él se encontraba orando de esta manera, una viejecita le habló por detrás, “¿Oh joven, eres tú un pujari del templo? Tú debes ser nuevo aquí. Toma estas cinco rupias a las diedades y después llévalas a tu casa”.
“Oh Jagannatha, ¿Qué debo hacer? Acabo de prometerte no llevarme nada este día, pero ahora con el primer ofrecimiento Tú me estás dando este dinero, ¿me estas poniendo a prueba?”.
Sin tocar el dinero, el autor llamó a uno de sus hermanos que viniera y llevase el dinero a las deidades. La viejecita protestó, “no, no. Yo te estoy dando este dinero. Toma otras cinco rupias, tómalo”. De nuevo el joven pujari miró a Jagannatha en duda.
Él sintió como si estuviese luchando contra un elefante. Finalmente, se dio por vencido y tomó las diez rupias y se las entregó a su hermano, para así no ofender a la viejecita y al Señor.
Era ya el amanecer. A través del día mucha gente quería regalar dinero en agradecimiento al joven devoto pero él no lo aceptaba. Si lo hubiera hecho, él habría ganado mil rupias ese día.
Finalmente el último ritual iba a llevarse a cabo, era después de la media noche, y él había evitado aceptar cualquier dinero.
De nuevo viendo al Señor Jagannatha, él dijo, “Te he derrotado. He ganado. Si en verdad hubieras querido, habría recibido algo sin mi conocimiento. Pero ahora yo soy victorioso en tú servicio”.
Casi al minuto, el khuntia vio a un chofer de autobús parado a sólo pocos metros de él. Llamó inmediatamente al autor, “eres tú un sacerdote del templo?”.
“Si lo soy, ¿Qué deseas?”, replicó él, un poco preocupado.
“¿No ves que visto como tal? ¿Qué quieres que yo haga?”. El chofer de autobús replicó, “tengo algunas monedas de plata. Que las toque el Señor y después llévatelas a tu casa”.
En ese tiempo una moneda de plata era treinta veces más que el valor de hoy en día. El autor protestó, “venga mañana por la mañana y haga este ofrecimiento. Ahora no es el tiempo adecuado porque el último ritual ha comenzado ya”.
La cara del chofer se desvaneció. “Pero mi autobús está partiendo inmediatamente con peregrinos hacia Badrinath, no puedo esperar hasta mañana”.
El joven khuntia se dio la vuelta y comenzó a alejarse pero el chofer le arrojó las monedas de plata por detrás.
Cuando el kunthia miró hacia atrás, el chofer de autobús se había desvanecido. El khuntia se encontraba a solas en el templo con las deidades. Los demás sacerdotes del templo se habían retirado a sus casas.
Las monedas yacían en el piso junto a sus pies.
“Oh Jagannatha, ¿Qué puedo hacer? Tú me has dado monedas a pesar de mi rehusamiento tan necio”. Así que él recogió las monedas y se marchó a casa. Eran casi las 3 a.m. en la mañana. Cuando él le dio las veinte monedas de plata a su esposa, ésta se encantó de maravilla. Ella le había pedido a su esposo la noche anterior que colectara suficientes donaciones de plata para hacer tobilleras de plata para su hijita recién nacida.
El esposo permaneció callado, pero el Señor Jagannatha de cualquier manera se lo concedió a ella.
El joven khuntia fue a cambiarse sus ropas. Cuando una moneda más de plata cayó al suelo causando un ruido estrepitoso. El joven hombre se quedó sin habla. Alguien le había dado una rupia sin su conocimiento.
Por lo tanto el elefante siempre gana, y la hormiga es vencida.
venerdì 23 marzo 2012
El Senor Jagannath y la Principesa Visnupriya

Después de tantos años de investigación una incurable enfermedad se burlaba de los doctores de Rajasthan.
Los astrólogos habían dicho sus predicciones, y aunque todos los sacrificios y pujas se habían ejecutado a los Dioses para una curamción milagroso, la enfermedad de la Reina empeoraba día con día.
El Rey Jayasimha de Kota en Rajasthan estaba muy preocupado por la salud de su amada Reina, Candravati.
El sentía que era inútil vivir si ella muriese. Debido a esta constante preocupación, el Rey se olvidó de sus ocupaciones del reinado. El dedicó todo su tiempo al cuidado y bienestar de la Reina, A pesar de todos los esfuerzos, su muerte era inminente.
Con su cara pálida y miserable; la joven princesa Visnupriya, sentada al lado de su madre. Con sus oraciones sin ser escuchadas, como si los dioses se hubiesen convertido en piedra.
Un día Visnupriya escuchó afuera del palacio la dulce voz de un limosnero cantar cerca de la ventana, y enseguida envió a un sirviente a averiguar quién era. “Un yogi del lugar santo de Sri Ksetra está cantando canciones al Señor Jagannatha. Él nos dio un grano de Maha-Prasada de su tazón cuando le preguntamos acerca de sus intenciones”. El sirviente informó a la princesa. “Nuestra Reina se curará si lo toma. El Señor Jagannatha responderá si a Él se le reza con seriedad y buena fe”.
Inmediatamente, el ánimo de la princesa se levantó Y con el corazón contento, Visnupriya aceptó el grano de Maha- Prasada. Aunque ella nunca había ido al lejano estado de Orissa a visitar el gran templo del Señor Jagannatha, ella pensó, “Si, Jagannatha es trascendental, y comida que ha sido ofrecida a Él es también trascendental”. Ella se acercó a su madre con el Maha-Prasada del Señor.
La Reina parecía un esqueleto. El color rosado de su cuerpo se había transformado en fantasmal y sin color, su rostro era pálido y sus mejillas hundidas, con sus ojos sumidos en sus orificios. La muerte tocaba la puerta.
Visnupriya se inclinó ante la cara de su madre y dijo fuertemente, “por favor, madre, abre tu boca .Esta es Maha-Prasada del Señor Jagannatha, el doctor supremo de cada uno”.
Súbitamente un rayo de sol iluminó la cara de la madre. Abrió sus ojos y comió el bocadillo de Maha-Prasada aun cuando su lengua no podía saborear nada. Una sensación divina sacudió su cuerpo. Cuando la comida bendecida pasó a su garganta su cuerpo se purificó y todos sus pecados se exoneraron.
Un regocijo inexplicable reinó sobre su cara como si ella resultase victoriosa y sin temor ante la presencia de la muerte. Esa tarde la enfermedad de la Reina se agudizó y pasó la noche entera en dolor. La princesa Visnupriya cantó canciones devocionales sobre la niñez del Señor Krishna y permaneció al lado de su madre.
El Señor Jagannatha es una cuidadela de misterios, insuperable aun por los Semidioses. El hombre mortal es demasiado frágil para comprender Su majestuosidad. Su gracia y misericordia son inescrutables e infinitas.
Anteriormente en una ocasión la Reina visitó al Rey de Puri por algunos días invitada por el mismo. La Reina empezó a recordar, “mi hija Visnupriya nació con las bendiciones del Señor Jagannatha”.
En su visita a Puri, la Reina había orado para tener una hija resemblando la apariencia del propio Señor, para que así la Reina pudiera pasar el resto de sus días en buena compañía. “Que sea yo tan afortunada en tener una hija y que el Señor Jagannatha se convierta en mi yerno”. Ella oró.
Toda la noche la Reina era atendida por sus sirvientes. Por la mañana ella se sintió un poco mejor. Mientras Visnupriya pasó toda la noche en vigilia, soñó que Jagannatha estaba parado con sus manos abiertas esperando ser enguirnaldado por ella. Él trataba de esconder su media sonrisa que aparecía en sus labios. Visnupriya sintió como si fuese jalada y abrazada por Él. ¡Qué éxtasis al estar en un intenso abrazo de Jagannatha! Una felicidad divina saturó su ser. Como si tan sólo ella pudiera tener esa fortuna.
El sueño de Visnupriya se interrumpió cuando su madre le pidió que tomara descanso o ella se enfermaría también.
Después de esto la princesa tuvo muchas noches sin dormir. Solamente cuando su madre la llamaba ella salía de sus sueños.
Le llevó algún tiempo reponerse, pero el sueño que ella tuvo hacía algunas noches no se podía borrar de su memoria. Ella pensaba como podría ser una sirvienta del Señor Jagannatha y como Él podría ser suya del todo.
Después de estos incidentes en su propia casa, Visnupriya estaba convencida que Jagannatha era Sri Krishna encarnado, El Señor Supremo de todos. Si no cómo pudo su Maha-Prasada curar a su moribunda madre.
Un largo periodo de tiempo pasó. Cada vez que alguien llegaba de Puri en el Reino, él era tratado como a un Rey, así era la devoción de la familia Real hacia el Señor Jagannatha.
Una vez el jefe de pujaris del templo de Jagannatha Taluchha Mahapatra, vino a este distante lugar de Kota en Rajasthan, cerca de la frontera de Kasmir. El había venido a distribuir Maha-Prasada en el distrito del Reino.
Como se dice que Maha-Prasada es cocinada por Maha laxmi, quien es la esposa del Señor Jagannatha y bendecido por Vimala, la diosa madre del templo que cura y purifica. Tiene un sabor dulce y celestial y aún el temor de la muerte puede ser dispersada al probarla.
Sabiendo el profundo amor que la princesa le tenía al Señor Jagannatha, Taluchha Mahapatra arribó con Maha-prasada. Al probarla por segunda vez Visnupriya tuvo otra visión. Con una sonrisa extática en su cara ella escucho al Señor decir: “Yo, El Señor Visnu, Soy tuyo porque tú eres Mi amada”.
Una ola de inexplicable felicidad cubrió su cara. Desde esa ocasión ella siempre mantuvo una fotografía del Señor Jagannatha cerca de su corazón. Frecuentemente sintió como si ella fuese abrazada por una fuerza súper humana muy poderosa. Entre mas sentía esta presencia con ella ya no sentía hambre y sed, ella se perdió completamente en esta conciencia y estaba tan llena de deleite y con un sentido de rendición al estar rodeada de los brazos del Señor Jagannatha. Sus mejillas se sonrosaron al paso de cada día, al estar tan feliz de ser besada por sus resplandecientes labios.
Ella empezó a experimentar un fenómeno divino en su cuerpo joven increíble a la imaginación humana. Cuando estas experiencias divinas pasaron, sintió la más grande de las angustias, por lo tanto ella quería siempre soñar.
Después de una corta estancia, Taluchha Mahapatra se preparaba para partir. La Reina le obsequió varios regalos para el Señor. El preguntó a la princesa si le gustaría dar algún ofrecimiento a Jagannatha.
La princesa Visnupriya meditó. “Al menos esto debería de ser comunicado a Él, que estoy completamente rendida a Él, y que siempre estoy esperando que Él aparezca para que yo caiga postrada a sus pies. Yo no tengo ningún otro ofrecimiento porque Jagannatha es el dueño de toda la riqueza cósmica”.
Ella empezó a escribir una carta con una pluma de oro y con olor de almizcle: “El está en todas partes como el espacio, y hay suficiente espacio en sus brazos abiertos para todos. Tú no tienes que ir a ningún lugar para que Él este contigo”. Esta fue la única sloka en sánscrito que le vino a su mente, así que ella la escribió y envió junto con diez monedas de oro.
De regreso al templo, Taluchha Mahapatra tenía cierta curiosidad por saber el contenido de la carta enviada al Señor. Con mucha anticipación y algo de aprehensión la abrió y empezó a leerla. Él pensó, “¿que es esto? Aunque ella es la hija bien educada del Rey, ella ha escrito tanta tontería. ¿Por qué yo debería de llevar semejante basura al Señor Jagannatha? Por lo tanto tiró la nota en el camino y continuó su viaje.
Totalmente exhausto, el jefe de pujaris llegó a su casa en Puri e inmediatamente tomó descanso, mientras dormía, ÉL Señor Jagannatha le habló en un sueño, “has traído las monedas ofrecidas por Visnupriya, pero no la carta la cual trataste como basura, no obstante esa carta no era para ti”.
“¿Hiciste tu deber? A tu mundana mente esa nota era solo un garabato infantil, pero para Mi era más valuable que el oro, escrita como fue con tanto amor y afecto por Mí. Cuando vengas al templo por la mañana ve y busca donde está la carta. Yo la recogí al momento que tú la tiraste y la sostengo muy cerca de Mi corazón”.
Taluchha Mahapatra inmediatamente despertó. Después de terminar con sus quehaceres matutinos, se dirigió hacia el templo y abrió las puertas selladas.
Él se sintió muy humilde; en completa vergüenza, temor y aprehensión fue hacia Jagannatha. Al ver la carta pegada al pecho del Señor, cayó al suelo enfrente de Jagannatha y oró: “¡Oh Señor, he cometido un terrible disparate en ignorancia. Errar es humano y perdonar es divino. Por favor perdóname!”.
Para eso los devotos empezaron a cantar las oraciones matutinas. “El Señor se regocijó de esto. Su cara negrita se miraba más hermosa que nunca. Su belleza negra, es una belleza como el cielo mismo. Un misterio para todos, pero una delicia eterna”, pensó Taluchha Mahapatra.
De esta manera el jefe de pujaris del templo de Jagannatha supo lo que era la devoción real. Visnupriya fue una olvidadiza de todas las cosas. Ella pasó el resto de su corta vida, sumergida solamente en los pensamientos del Señor.
sabato 17 marzo 2012
El Senor Jagannath y la Diosa Carcika...

No solo la gente de alrededor del mundo viene a ver a Jagannatha, sino también los semidioses y semidiosas. Se dice que estos devas les interesa más ver la última ceremonia del día conocida como Pahuda, en la cual Jagannatha se retira a descansar. Esta se lleva a cabo a una hora después de la media noche. Tres hermosas camas hechas de marfil y decoradas con las flores mas perfumadas especialmente jazmines blancos, son llevadas frente a las deidades. Las flores son esparcidas por las camas al sonido de música devocional y las formas diminutas doradas de Jagannatha, Subhadra y Balarama son acostadas listas para dormir. Enseguida arati, la ofrenda de la lámpara se lleva a cabo y las flores son esparcidas alrededor para ser tomadas por los semidioses y semidiosas como una misericordia del Señor Jagannatha. También es el deber de los semidioses y semidiosas estar presentes cada noche para esta ceremonia.
Un día la semidiosa Carcika de una aldea distante llamada Banki, llegó tarde a dicha función. Ella fue disculpada por el Señor Jagannatha, quien disculpa todos los errores, pero Balabhadra no la disculpó. “Madre, ¿tú crees que los rituales de este templo deben llevarse de acuerdo a nuestra conveniencia? Tú te has enorgullecido mucho en estos últimos días. ¡Fuera! no puedes venir a presenciar la ceremonia de Pahuda nunca más”.
Carcika no está preparada para recibir esta negativa de Balabhadra. Llena de ira contestó: “yo no soy la que se ha enorgullecido, eres tú quien se ha vuelto muy ostentoso, al ser vestido de una manera tan opulenta, adornado con mantos reales, ornamentos de oro y flores de dulce aroma. Yo tengo ocho manos, pero tú sin tener manos piensas que lo haces todo. ¿Quién es entonces el orgulloso? Así que por, favor déjame pasar para ver a mi Señor. ¿Por qué me estás discriminando de esta manera si sólo he cometido una pequeña ofensa?”.
Después de esto Balabhadra se enojó mucho más y perdió el control: “Tu mal comportamiento hacia Bhitarcha Mahapatra, el sacerdote en jefe es muy grave, he sido ordenado por él para que no te permita entrar al templo más. ¿Cómo puedes ir y proteger el área que te corresponde de Banki, aún con tus ocho brazos si no tienes disciplina?
Carcika le respondió: “Oh, entonces déjame ir y le pediré que me perdone. No tendré paz alguna si no veo a mi Señor. Seré de nuevo feliz si soy perdonada”. Carcika fue dejada ahí al final de Neishipabacha, las veintidós gradas que llevan al templo. La noche entera estaba por terminar y su corazón se agitó mucho. Era casi de mañana y los sevakas venían del templo. Los semidioses de todos los rincones del mundo habían venido esa noche, como era de costumbre a consultar con el Señor Jagannatha.
Ahora ellos se retiraban para ejecutar su deseo. Solamente Carcika fue dejada de pie cerca de la entrada. Si un semidios no cumple con su deber, puede causar daño a otros, así que debe ser reemplazado. El pecado de ser demasiado orgulloso es casi irremediable. Mientras Carcika recordaba esto, Balabhadra vino nuevamente con la mala noticia de que no se le permitiría entrar.
Balabhadra le dio el mensaje de Jagannatha: “Un semidios que es muy orgulloso no puede ser admitido. Si tú deseas redimirte, ve y ofrece tu servicio en el hogar de Bhitarcha Mahapatra, el sacerdote en jefe a cuya función viniste tarde y no vengas a mi. Solo Bhitarcha Mahapatra puede disculparte, si él lo desea y está complacido con tu servicio”.
Baladeva le explicó: “Por la práctica de actividades piadosas un hombre ordinario puede ir ascendiendo y eventualmente obtener el estatus de un semidios. Tan buena alma puede ser tratada como Dios mismo, pero solamente por su bondad, no por su posición. ¿Sabes esto, madre?
Carcika contestó: “Si, he actuado mal. Yo misma me tomaré la tarea de ir y servir a este hombre llamado Bhitarcha Mahapatra, aunque yo sea una semidiosa de una orden más alta. Le serviré a un hombre quien es un sirviente del Señor Jagannatha. Permíteme abandonar este lugar antes de que los otros salgan”.
Disfrazándose como una joven viuda, vestida con un sari blanco, Carcika se alejó del templo y se dirigió a la casa de Bitarcha Mahapatra. Mientras se acercaba, vio al viejo hombre sentado en las gradas del templo, entonces ella rápidamente se cubrió la cara con su sari y respetuosamente se detuvo a cierta distancia. El hombre levantó su cara y pensó: “¿Quién es esta dama? Solo puedo ver una parte de su cara. Pero ella luce tan joven y radiante Nunca la he visto en este lugar antes”. Pensando de esta manera, la llamó, “Madre, ¿has venido a nuestra casa o buscas a alguien en los alrededores?”. La dulce apariencia de Karcika hizo que Bhitarcha Mahapatra la considerara como una madre.
Carcika le suplicó: “Oro para que me aceptes en tu casa como tu sirviente, ya que no tengo otra forma de sobrevivir, mientras ofrecía mis reverencias al Señor Jagannatha, Él mismo me ordenó venir a servir en tu hogar”.
El viejo estaba tan asombrado y con lágrimas en los ojos contestó. “Este es tu propio hogar, eres como mi propia madre, un hijo no puede negarle protección a su madre”.
Así Carcika se convirtió en su sirvienta. Gradualmente se acostumbró a los deberes del hogar y de la familia y se ocupó totalmente del cuarto de puja, limpiando los artículos hechos de bronce, los vestidos de las deidades diariamente y prendiendo las lámparas. Ella ejecutó su papel muy bien de madre que Bhitarcha Mahapatra pensó muy poco en su propia madre que acababa de fallecer. El tiempo pasó. La esposa de Bhitarcha se encontraba muy enferma y envejecida, por lo tanto estaba muy complacida con la ayuda y los buenos modales de Carcika. Algunas veces la gente se preguntaba: “¿Quién es ella? ¿De dónde ha venido?”.
Algunas veces Carcika se llenaba de sentimiento cuando se hablaba del Señor Jagannatha. ¿Cuál era la razón de ello? A veces le preguntaban: “¿Por qué no vas al templo y tienes darshan del Señor Jagannatha? Gente viene desde lugares muy lejanos a verlo, y tú que vives tan cerca no lo vas a ver”.
Carcika respondía tristemente, “Es cuestión de suerte. Algunas veces uno no está destinado para verlo. Yo visitaré a Jagannatha cuando Él derrame Su misericordia sobre mi”.
Un día una gran tormenta cayó sobre Puri. Toda la cuidad estaba a oscuras. Fue muy difícil para Bhitarcha Mahapatra encontrar el camino a casa. Finalmente llegó a la puerta tocando muy fuertemente. Carcika respondió con ansiedad: “Oh que terrible noche para andar fuera, cuando obscureció encendí una veladora y me senté a esperar, pensando que vendría en cualquier momento. Esa veladora ahora se ha apagado”.
Mahapatra había llegado del templo completamente mojado, le entregó a Carcika el Maha-Prasada y fue a cambiarse de ropa. Pero no había ni un fósforo para encender una vela y él no había traído del templo porque llovía demasiado.
Con gran sorpresa él preguntó, “¿Cómo es que has encendido la vela cuando no tenemos fósforos y todos los vecinos se han retirado a dormir ya? ¿Puedes encender otra? Ella respondió: “Sí, hay una manera. Permíteme iluminar la habitación”.
Inmediatamente ella asumió su forma original alargando una de sus piernas para alcanzar la cúpula del templo donde había encendido una lámpara y con ella encendió la vela del sacerdote. Al tener esa visión divina, Mahapatra casi cayó sin conocimiento no pudiendo creer lo que sus ojos miraban. ¿Cómo podía esta sirvienta asumir tal forma milagrosamente divina? ¡Y tan inmensa y gloriosa que era!. Toda la ciudad de Puri podía ser acomodada dentro del espacio que había entre sus pies. Un sentimiento muy profundo de temor y maravilla se apoderó de él. Después de un momento Carcika tomó su aspecto normal y la habitación se iluminó.
Mahapatra pensó que sus ojos lo habían traicionado y que se estaba volviendo loco. “No te preocupes, padre”, dijo Carcika. Bhitarcha Mahapatra se postró recto como una vara frente a ella y le suplicó: “¡Oh Madre! Por favor revela tu verdadera identidad. No soltaré tus pies hasta que lo hagas.
Tal demostración de la gracia divina de Dios estremecía al sacerdote una y otra vez. Él se sintió estremecido. Así Carcika le reveló todo. Especialmente las razones por las cuales ella había sido excluida del templo.
Bhitarcha exclamó: “Oh madre, por favor regresa a tu morada original. Yo voy a adquirir un permiso especial del Señor Jagannatha para que puedas ser admitida de nuevo. Al asegurarse de esto Carcika desapareció de la casa de Bhitarcha. Era después de la media noche. La lluvia había cesado. Pareciese como si todo hubiese ocurrido como un plan del Señor.
Carcika se acercó nuevamente a la puerta principal del templo y Balabhadra le dio una sonrisa de bienvenida. Así Carcika realizó que uno no puede mantener su posición aun de semidios si uno no cumple con sus deberes prescritos para el mantenimiento del mundo entero ya que estas son las obligaciones de un semidios.
Jagannatha le ordenó: “Ahora Estoy contento contigo. Te asignaré una responsabilidad adicional, que te ocupes de Mi propio carro durante el festival de Rathayatra. Aunque ya los sevakas están ahí para cuidar de Nandighosa, tú serás su deva.
Carcika permaneció en silencio y solo movía su cabeza con mucho afecto, luego se retiró. Era ya de mañana y Bhitarcha Mahapatra apareció ante las deidades para ofrecer su servicio regular.
Este evento ocurrió en el año 1368. Antes de partir, la semidiosa le dijo a Bhitarcha si él deseaba algo. El contestó que no tenía interés en nada mundanal pero si quería verla nuevamente. Ella le contestó, “Ve a tu cuarto de puja”, y despareció. Él la obedeció y vio que había sobresalido del piso una imagen en piedra de la Deva misma.
Aún ahora después de haber pasado más de seiscientos años, esta imagen todavía se encuentra ahí y siempre se le hace puja por los descendientes de Bhitarcha Mahapatra.
domenica 11 marzo 2012
El Senor Jagannath y Salabeja

El carro de Jagannatha no se movía a pesar de ser empujado, jalado por toda la bulliciosa muchedumbre, se mantuvo como una inmensa montaña. El carro de Subhadra, la hermana de Jagannatha, había llegado ya a Balandi, que queda a medio camino del Grand Road de Puri.
Esto creó una gran aprehensión entre la gente que amenazaba con interrumpir el gran festival. Por un momento, el silencio reinó. ¿Era tiempo de descansar o era que los conductores de los carros trataban de que el público se apasionara más con ese retraso?
En ese momento, alguien escuchó unas bellas oraciones cantadas para el Señor. Un rumor circuló a través del gentío de que el que cantaba era el hijo de un musulmán y que debía de ser interrumpido en su canto.
“¿Quién quiere escuchar su canto? ¿Puede él hacer que el carro se mueva nuevamente? ¿Cómo puede él presumir de ser devoto del Señor?”. Tales rumores hicieron la atmósfera muy tensa.
En lo que se conoce ahora como Pakistán, un musulmán había raptado a una joven hindú. Más tarde, ella se convirtió en una de sus concubinas. Debodo al odio por el hinduismo, los musulmanes habían destruido muchos templos.
Paradójicamente, el musulmán procreó un hijo con la joven hindú, el cual se convirtió en un gran devoto del Señor Jagannatha. Su nombre era Salabega y des su niñez, cantó canciones llenas de devoción al Señor.
Una vez Salabega fue encarcelado por su propio padre, cuando se dio cuenta de que era un defensor de la cultura védica. Salabega se sobrecogía de una pasión muy intensa por ver al Señor Jagannatha.
“¡Qué destino tan cruel! Yo soy musulmán, nunca podré entrar al templo. No puedo obtener Su misericordia”.
A su tiempo, las bellas canciones de Salabega para Jagannatha eran escuchadas y cantadas en cada esquina de Jalana, Pakistán.
Un día se enteró de que Jagannatha saldría afuera del templo junto con Su hermano y hermana para el gran Rathayatra. “Aquí está la oportunidad que tanto deseo”, pensó Salabega. Así él partió para Puri. En la mañana del festival, Salabega corrió al frente de la entrada del león del templo. La gente lo reconoció inmediatamente y empezaron a calumniarlo. Él fue empujado hacia atrás. “¿Qué mi alma no puede ser redimida y encontrar la salvación?”, él lloraba.
Mientras tanto, el carro de Subhadra pasó cerca de él acompañado de los címbalos y el fuerte sonido de las ruedas. Salabega sintió como si hubiese sido jalado desde adentro. Como un niño en llanto, avanzó hacia el carro con sus ojos llorosos. Cuando el carro se movió hacia delante, pasó sin siquiera detenerse por un momento. “¡No podré ni tocar el carro!, sollozaba Jagannatha.
Después de algún tiempo, el carro de Jagannatha finalmente avanzó, acompañado de un estruendo estrepitoso de la vasta muchedumbre, estremeciendo así el cuerpo de Salabega. Conociendo el deseo de su corazón, el carro de Jagannatha se detuvo por un momento al lado de Salabega.
Este alto histórico del carro en el año 1489, testifica la pureza espiritual de Salabega. Él miró la cara del Señor Jagannatha todo el tiempo que quiso y cantó desde muy adentro de su corazón bellas canciones acerca de las glorias de Dios.
Sintió como si hubiese sido abrazado por Jagannatha Mismo. “Oh si Señor, Tus brazos abiertos abrazan a todos. No hay ninguna barrera para Dios , ya sea uno un intocable o no”.
Cada uno es parte y porción de Él. Entonces Salabega, ahí mismo en ese mismo lugar, compuso una de sus más grandes canciones: “Ahe nila saila, oh gran montaña azul. Oh gran montaña azul de Dios, como un elefante Tu sales del templo, para remover el denso bosque de nuestro sufrimiento. Lo recoges omo una pequeña flor de loto con Tu nariz, aplastas todas nuestras penas hacia dentro de la Tierra”.
El gran gentío había perdido la paciencia. Horas pasaban y el carro aun no se movía a pesar de todos los intentos por jalarlo. Finalmente, comenzó a caminar sin la ayuda del público. Toda la atmósfera estaba sobrecargada con las glorias de Dios, y el carro de Jagannatha siguió hacia adelante.
La muchedumbre lo siguió, pero Salabega permaneció inmóvil, parado en un solo lugar con las manos juntas y lágrimas en sus ojos, aun experimentando el contacto tan poderoso en su encuentro con su Señor.
Aun ahora, las canciones de Salabega son cantadas en el gran camino a Puri y dentro del templo también.
Hubo muchos más maravillosos incidentes en la vida de Salabega. Contrajo lepra y sufrió más de ostracismo, pero a su muerte, él fue sepultado en el mismo lugar donde estuvo de pie aquel día del festival de las carrozas. Una pequeña mezquita fue construida en su memoria y se encuentra aún hasta este día.
sabato 10 marzo 2012
El Senor Jagannath y la bandeja de oro .... pues mas ladrona no puedo ser :)

Bandhi Mohanti no era brahmana, pero si un gran devoto de Jagannatha. Siendo tan pobre como era, él pensaba que el Señor era su verdadero amigo y que vendría para ayudarlo cuando éste lo necesitase.
Él pasaba la mayor parte del día leyendo acerca de Jagannatha, olvidando así a su esposa e hijos. Ella ni siquiera sabía que su esposo era un gran devoto del Señor, pero creía que él tenia un amigo en la localidad conocido como Jagannatha.
Ella estaba asombrada de ver que Bhandu prefería pasar más tiempo con su amigo que con ella. Un día su esposa le preguntó: “¿Quién es este amigo tuyo?”.
“Tú no sabes, ni puedes saber. Él es muy rico, tiene un palacio muy grande. Él es un rey, Sus vestidos, Su comportamiento, Su forma de vida, todo acerca de Él es real. Él también es muy amable”, le contestó Bhandu Mohanti.
“¡Vamos a verlo un día!”, pidió la esposa.
“¿Cómo puedes tú ir a verlo con ese vestido tan viejo?”, le contesto el esposo.
“Si nosotros queremos ir, debemos llevar algunos presentes y nuestros hijos deberán de vestir muy bien. Tú deberás lucir collares y pulseras de oro, de otra manera el encargado de la puerta de la casa de mi amigo puede que no nos permita entrar, y ya que yo no tengo el dinero para comprar tales cosas, yo no voy a verlo”, agregó él.
Entonces la esposa de Bhandu Mohanti respondió: “Si tu amigo es honesto y verdadero, él te respetará y aceptará de cualquier forma en que estés vestido, y ya que tu eres tan pobre, ¿por qué no te acercas a él para que nos ayude?”.
Bhandu Mohanti no puso atención a lo que su esposa decía, así que ella se enojó de nuevo. Tiempos más difíciles estaban por venir. Toda la aldea estaba sufriendo de una mala cosecha, ya que sin haber llovido, muchos morirían de hambre. Era el año 1392, y como Bhandu Mohanti, la mayoría de los aldeanos eran granjeros. Todos estaban muy afligidos, Bhandu les decía a menudo, “Mi amigo es muy rico, si Él lo desea puede salvarnos”. Así que su esposa lo obligó a que fuera ver a su amigo.
Ya había amanecido cuando Bhandu Mohanti, acompañado de su esposa e hijos, iniciarón su camino hacia Puri para encontrarse con el Señor jagannatha. Ella pensaba: “Si llegamos a cualquier cuidad, por lo menos alguien les dará algo de comer a los niños”.
Ellos caminaron desde la aldea de Shatapada hasta Puri, a una distancia de casi 30 millas. Amablemente algunos granos de arroz les fue dado por los peregrinos que pasaban por el camino aquella noche. Después de tres días la familia llegó a Puri. Bandhu Mohanti los llevó directamente al templo de Jagannatha, pero ya que era media noche, las puertas estaban cerradas., por lo tanto descansaron en Pejanala al lado sur del templo. En este lado hay un acueducto donde las vacas vienen a tomar el agua de arroz que viene colada desde la cocina del templo.
“¿Dónde está tu amigo rico de Puri? ¿Dónde está su casa?”, le preguntó su mujer con ansiedad. “Él ahora está muy cerca”, Bandhu contestó. No deseba decirle a ella que él se referia al Señor jagannatha.
Los niños tenán mucha hambre y lloraban, así que la esposa les dio agua de arroz de la pejanala, de la misma que tomaban las vacas. Después de esto todos tomaron descanso, pero su esposa debido a que estaba tan preocupada por los niños se mantuvo despierta. De pronto ella vio a un brahmana de color obscuro, el cuál traía sobre su cabeza una bandeja de oro y sobre ella, muchas variedades de alimentos, se acercó llamando: “¿Dónde está Bandhu Mohanti? ¿Dónde está Bandhu Mohanti? “Sí, aqui estamos. ¿Que es lo que sucede?”, ella preguntó.
El joven brahmana sonriendo misteriosamente le dijo, “El amigo de Bandhu Mohanti le ha enviado esta comida, por favor, tómela que yo tengo mucho trabajo que hacer”.
La mujer no estaba en posición de tomar decisiones y su esposo estaba dormido. Pensó que no era apropiado despertarlo después de tan largo viaje, así que ella aceptó la bandeja con la comida y despertó a los niños. Todos ellos comieron el gran banquete, y después de haber terminado volvieron a dormirse con sus estómagos satisfechos.
Cuando Bandhu Mohanti se despertó, ella le contó todo. El comenzó a llorar desesperado: “¿Por qué no me despertaste? Tu has sido bendecida al poder verlo, y yo no soy cualificado para poder encontrarme con El”. Su mente se tambaleaba al ver la magnitud de lo que acababa de sucederles. Su esposa no podía comprender que era lo que sucedía. Ya que tenía una mentalidad mundana, no podía entender el profundo significado de este incidente.
Bandhu Mohanti, en gran éxtasis comió todo lo que habían dejado sus hijos en la bandeja de oro. “¿Pero qué es lo que voy a hacer con este plato de oro?”, se preguntó a sí mismo. Él lo limpió y con gran devoción lo colocó debajo de su almohada esa noche para evitar que alguien se lo robara.
Por la mañana había mucha conmoción dentro del templo, la carísima bandeja de oro que usaba el Señor Jagannatha había desaparecido. El problema fue reportado de inmediato a Virakisora, el rey de Puri, quien es la maxima autoridad en cuestiones del templo de Jagannatha. La policía arrestó a Bandhu Mohanti mientras estaba durmiendo aquella mañana fuera de las paredes del templo. La bandeja de oro fue regresada al templo y el rey estaba listo para darle un buen castigo al culpable.
La esposa de Bandhu Mohanti y sus hijos lloraban y suplicaban: “¡El amigo rico de de Bandhu Mohanti fue el que ocasionó todo esto!”, decía la mujer, tratando de defender a su marido. Bandhu Mohanti no lo pudo evitar y también comenzó a llorar. Nunca se imaginó que le sucedería semejante calamidad.
El rey anunció que daría la sentencia al siguiente día. Esa noche, el rey de Puri tuvo un sueño milagroso. El Señor Jagannatha se le apareció diciendo: “oh Rey, si un amigo viene a tu casa, ¿acaso no es correcto que lo recibas con una buena merienda?”. Bandhu Mohanti es Mi amigo, ¿qué falta he cometido al ofrecerle de comer en mi bandeja de oro? ¿Me vas a sentenciar a Mí también? Por favor, ¡libéralo de inmediato!”.
De inmediato el rey liberó a Bandhu Mohanti sin perder tiempo. También permitió que Bandhu Mohanti y sus descendientes se les permitiese servir en el templo mismo. Aun hoy en día, los descendientes de Bandhu Mohanti cocinan las primeras ofrendas del día para Él. Es una preparación de arroz dulce conocida como khecheda.
Después de cocinar esta preparación, Bandhu Mohanti llevaba esta ofrenda en la misma bandeja de oro para las Deidades. Lo más asombroso es que Bandhu Mohanti no era brahmana y nunca había tenido un servicio hereditario en el templo. Aun hoy en día hay cocineros en el templo con el sobrenombre de Mohanti, quienes son descendientes directos de él, los cuales ejecutan el mismo servicio.
Él simplemente consideró a Jagannatha como su amigo.
venerdì 9 marzo 2012
El Senor Jagannath y el capitan Beatle y robando mas nectar

El barco había partido de Chandanpur y estaba a pocas millas de mar abierto en la bahía de Bengala. El piloto vigilaba el océano a través del telescopio, de pronto sus ojos se fijaron en un punto en particular. ¿Podría ser esa una gigantesca ballena o un monstruoso animal marino lo suficientemente grande que se podía devorar al navío entero? Era sorprendente. Tan solo el golpe de su cola podría romper en pedazos el barco. El piloto vio que el navío se dirigía hacia la criatura, medidas preventivas se habrían de tomar para evitar una catástrofe.
Sin un momento de tardanza, él gritó: “¡capitán, todos alerta!”. El capitán francés tomaba una lectura del curso del navío de su mapa geográfico en el cuarto de control. Al escuchar el llamado, salió un poco perplejo. “¿Cuál es el problema?”, preguntó. El piloto estupefacto señaló con su dedo a la ballena. El capitán Beatle observó el acercamiento de la ballena a través de sus binoculares. Una inminente tormenta se miraba en el horizonte. Los vientos eran borrascosos y desgarraban todas las velas.
El capitán pensó primero en soltar los botes salvavidas del navío. Pero podrían los pequeños botes alcanzar la orilla en vientos tan altos, podría haber pérdida de vidas. El capitán realizó la gravedad de la situación, pero se sentía acongojado con un sentimiento de impotencia. Entonces enormes olas hacían al mar más inquieto y obscuro. En cuanto más observaba el peligro que se acercaba, más temeroso se sentía. El capitán no tenía idea de que decisión tomar.
Finalmente, lo único que decidió hacer fue tomar el timbre de advertencia, gritó a su tripulación que se cuidaran. No había manera de impedir el inminente desastre. El navío francés había zarpado de Pondicherry, al sur de india hacia Francia dos meses antes, sería un viaje rutinario. En los años cincuenta el comercio de especias con clavo, canela y cardamomo era entre India y el continente Europeo. Unos días más y el viaje habría terminado. “El próximo puerto me hará muy feliz”, meditó el capitán tristemente. “¡Oh, cómo desearía dejar esta horrible tormenta detrás de nosotros!”. Entonces solo habría solamente tres paradas más hasta llegar a Madras y Pondicherry.
La mayoría de la tripulación y pasajeros en el barco eran franceses. Se dirigían a la pequeña colonia francesa de Pondicherry a poca distancia del sur de Madras. Una campana especial para la iglesia de Pondicherry viajaba a bordo del barco. Al descargar el barco en Pondicherry, el navío se regresaba a Francia. Ahora con la tormenta, el capitán Beatle corría frenéticamente en el barco, el fue rodeado por todos los pasajeros atemorizados. Cualquier esperanza hasta para salvar mujeres era remota, Beatle era un capitán de experiencia habiendo pasado dieciocho años en el mar. Sin embargo, ahora se encontraba completamente perplejo. De pronto una dama pasajera corrió hacia el: “Oh! Capitán, no importa si yo muero, pero por favor salve a mi bebé”. El bebé tenía una apariencia angelical, cerca de un año de edad el cual miraba a su madre, sin saber lo que acontecía a su alrededor.
Lágrimas corrían por las mejillas del capitán y el pequeñuelo empezó a llorar junto con su madre, el capitán estaba fuera de sí mismo que no podía consolarlos. La sombra de la muerte aparecía amenazante, una transición entre la vida y la muerte violentamente se promulgaba, todos estaban aterrorizados. Algunos lloraban mientras otros tomaban medidas a medias para salvar sus vidas, quedaban solamente pocos momentos antes del inevitable final. Sólo un hombre estaba sentado muy calladamente y sin ansiedad, él miraba una fotografía de su adorable Señor y la mantenía cerca de su corazón, susurrando algo así mismo. Su mente estaba fija en esa fotografía. Él era un viejecito hindú que abordó el barco en el último puerto. El capitán Beatle pasó cerca de él muchas veces, aún así él no notaba su presencia.
El Capitán Beatle corrió hacia la cubierta de arriba para observar con los binoculares el acercamiento fatal, él murmuro a sí mismo: “¡Oh Dios mío estamos tan cerca de esa ballena mortal, que vista tan horripilante!”. Él sintió como si su sangre fuera a coagularse, al ver que la muerte se acercaba lentamente, ahora solo se podía sentir el toque de ella. Los parientes del capitán estaban todos en Europa y una inmensa tristeza lo embargó, no podía actuar del todo. De pronto vio al viejo hindú sentado en medio del horror y confusión. El capitán Beatle se inclinó para ver la fotografía que el hombre sostenía. Era una fotografía hecha a mano con tres deidades cerca la una de la otra. Una era negra, otra amarilla y la tercera blanca. “Los ojos de la deidad negra lucen muy grandes y terribles”, pensó el capitán. “Ellos me recuerdan los ojos de la ballena, dos enormes ojos en una cara negra, mirando directamente hacia ti, tan prominente y poderosa”.
“¿Qué estas haciendo?”, gritó el capitán. Enderezándose el pobre hombre lo miró. Cada ojo tenía una lágrima. “Estoy rezando al señor Jagannatha para que nos salve de esta catástrofe”, dijo él quedamente. “¿Jagannatha? ¿Quién es él? ¿Dónde está? ¿Qué puede hacer por nosotros? ¿Puede matar la ballena con un arma? ¿Puede salvar el navío?”, replicó el capitán. El indicio de una sonrisa apareció en la cara arrugada del viejo, parecía tan calmado y dueño sí mismo en este momento de crisis. “El señor Jagannatha es mi único recurso. El peligro se desvanece si uno le reza a Él”, el viejo le dijo apasionadamente. Su misericordia es inconmensurable, aún a los semidioses, que hablar de seres humanos, aun cuando nosotros lo llamamos, Él viene y nos ayuda.
“¿Él puede salvar nuestro barco de las garras de la muerte?”, preguntó el capitán incrédulo”. “Él hará lo necesario, ese es su trabajo”, replicó el hombre simplemente. “¿Qué poder tiene tu dios para hacer eso? ¿Puede actuar como una fuerza controladora sobre la naturaleza?, preguntó el capitán. “Sí, Él puede salvar el navío, yo le ofreceré todos los tesoros a bordo del barco y a mi mismo también”. El viejo volvió a sus oraciones. El capitán volvió de inmediato a la cubierta de arriba y para su gran sorpresa vio que la ballena cambiaba de dirección. Los movimientos delanteros de la ballena se atrasaban y lentamente viró hacia el mar profundo.
El capitán observaba esto con su cara llena de asombro, pero el navío no paraba de moverse ante la venida de la tormenta. “Un peligro se ha ido, pero todavía hay otro con su gran furia”, pensó el capitán. Parecía que el barco iba hacer destruido entre unos minutos.
La fotografía del viejo empezó a relumbrar ante los ojos del capitán Beatle. Entonces él oró, “¡Oh Jagannatha!, Tu controlaste la ballena, ¿pero eres capaz de frena la tormenta?”.Un enorme trueno se escuchó y un rayo de relámpagos alumbraron al cielo, tan poderoso que parecía como si el mundo entero sería destruido. Pero de pronto la tormenta murió y el navío fue salvado. El capitán Beatle anunció con una voz tan alegre: “!nos salvamos, nos salvamos, Dios nos ha liberado de todo el peligro!”. El capitán corrió al lado del viejo y lo abrazó apretadamente. El viejo aún estaba diciendo sus oraciones ante la fotografía de Jagannatha.
“El señor del universo ha respondido a nuestras oraciones”, dijo simplemente. Una sonrisa benigna apareció en la cara avejentada y cansada del viejo. Los ojos del capitán se llenaron de lágrimas y su voz se ahogó: “nadie es ajeno a tu Dios, Él protege a todos como los suyos propios”. Diciendo esto el capitán Beatle ordenó que todos los diamantes, gemas preciosas, ornamentos de oro y hasta la vieja campana de la iglesia francesa fuesen sacadas del cuarto del almacenamiento del navío y dada al templo del viejo. Entonces él anunció a todos: “Nuestro barco ha sido salvado debido a la misericordia de Dios”. Felizmente él vio como todos los tesoros abandonaban el navío y preguntó: “¿Tienen un cuarto de almacenamiento en el templo lo bastante grande para guardar todos estos tesoros para el Señor?”. Entonces el barco se hizo a la vela de nuevo. El capitán Beatle corrió a cubierta para observar si la costa estaba a la vista. La parte alta de un templo enorme parecido a una montaña azul, era claramente visible. Su compañero le dijo: “Esa es la residencia terrenal del Señor Jagannatha de Puri”. El capitán bajó su cabeza en señal de respeto hacia el señor.
AUN HOY SE PUEDE VER LA VIEJA CAMPANA FRANCESA EN EL PATIO DE LA OFICINA GENERAL DEL TEMPLO, CONOCIDA COMO GARAD.
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